domingo, 24 de febrero de 2008

Semiótica y Diseño

Las cosas naturales nos hablan, a las artificiales las hacemos hablar nosotros: estas nos cuentan cómo han nacido, qué tecnología se utilizó, y de qué contexto proceden. Nos explican también algo sobre el usuario, su estilo de vida, sobre su real o supuesta pertenencia a un grupo social, su aspecto. (Roland Barthes)

Tomando como ejemplo un objeto de uso sencillo, - una silla-, se puede mostrar que un proyecto de diseño no debe considerar solamente las exigencias ergonómicas, constructivas o de fabricación. Junto a la cuestión de qué tipo de asiento se trata, por ejemplo, silla de trabajo, doméstica de un sitio público, de colegio, si es una silla para uso breve o prolongado, una silla para niños o ancianos, etc., en el diseño también se trata de saber que connotaciones (por ejemplo significados subliminales) están contenidos en el gesto de sentarse.

Umberto Eco (1972) puso el ejemplo de un trono real, “sentarse” en él es sólo una función entre otras, que además en muchas ocasiones, no se ve satisfecha plenamente. El trono ha de irradiar una dignidad majestuosa, representar el poder, despertar veneración. Estos modelos de interpretación se pueden utilizar en otros tipos de silla. Una silla de oficina debe satisfacer perfectamente las exigencias ergonómicas, pero ha de simbolizar también la posición jerárquica del usuario en la empresa.

De este modo existen en el mercado diferentes modelos de sillas de oficina para secretarias, encargados, directivos y jefes. Que estos últimos sean los que realizan un menor trabajo físico, pero sin embargo siempre tengan la silla más cómoda, remite claramente a otras funciones no prácticas del producto. Las sillas no sólo sirven de respaldo al cuerpo, sino que también respaldan la personalidad, el lenguaje corporal, la posición social.

Una gran parte del trabajo creativo podría por tanto designarse “como trabajo sobre los significados” (Erlhoff 1987).

Bürdek B., Diseño. Historia. Teoría y práctica del diseño industrial, Gustavo Gilli, Barcelona, 1994. (pág. 130)

No hay comentarios: